HISTORIAS DE LA ANTIGUEDAD: “LA MEDICINA Y LA HIGIENE EN EL MUNDO AZTECA”.


Las gentes de Tenochtitlán eran grandes expertos en hierbas medicinales y antídotos y sabían curar toda clase de lesiones.

MÉDICOS  DE URGENCIAS EN TENOCHTITLÁN

LAS ILUSTRACIONES  del Códice Florentino, manucristo de la Historia de las cosas de Nueva España de Fray Berdardino de Sahagún conservado en la Biblioteca Laurenciana de Florencia, muestran numerosas escenas sobre la práctica médica de los antiguos aztecas. Una de ellas representa a un hombre que ha sufrido la picadura de un tipo de araña venenosa llamada tzintlatlaunhqui, de las que se dice que  <<son negras y tienen colorada la cola; la picadura de gran fatiga por tres o cuatro días>>.  El dolor que causaba la picadura era tan intenso que los médicos recetaban octli, una bebida alcohólica de alta graduación, y aplicaban masajes.  El veneno de esta araña tenía usos medicinales.

Una de las cosas que más sorprendió a los españoles en el momento de la conquista de México fue la buena salud y la longevidad de los habitantes de Tenochtitlán.  Era normal que éstos alcanzaran los setenta años sin haber sufrido enfermedades graves. Existían varias causas para ello: la dieta que practicaban los aztecas, que hoy denominaríamos cardiosaludable, basada en la carne de ave y el pescado, los cereales, las verduras y las fruta; la cuidada higiene personal y doméstica, que se extendía a la ciudad; y, en fin, los conocimientos y la habilidad de sus médicos, que los mismos españoles reconocían que eran mejores y más baratos que los europeos. El cronista Fray Bernardino de Sahagún decía de los aztecas:  <<Tienen sus médicos que saben aplicar muchas hierbas y medicinas, hay algunos de ellos de tanta experiencia que muchas enfermedades viejas y graves, que han padecido los españoles largos días sin hallar remedio, estos indicos las han sanado>>.

Los aztecas aplicaban a la salud su visión global del mundo y de la vida, de tan forma que magia, religión y medicina estaban estaban íntimamente ligadas. Para ellos, las enfermedades se explicaban por el desequilibrio de la fuerza vital o tonalli, que ocurría cuando se rompían tabúes sociales. Los causantes eran principalmente lod dioses –que también podían curar–,  así como las personas que practicaban la magia o transgredían alguna regla social.

CIENCIA Y CHAMANISMO 

Esto hacia que para tratar las enfermedades hubiera también distintos profesionales.  Por un lado estaban los médicos <<científicos>>  o  ticitl;  por otro, se encontraban los chamanes  –hechiceros o  nahuallis, que empleaban la magia y las plantas alucinógenas; sin olvidar tampoco a los sacerdotes que a través de las oraciones y las penitencias influían en la salud del enfermo.

Los médicos <<científicos>> o ticitl se subdividían en muchas especialidades. Por un lado estaban los cirujanos de guerra, con gran conocimiento de la anatomía gracias a su estudio de las víctimas de los sacrificios. Cuando alguien sufría una herida, primero, para evitar las infecciones , la limpiaban orinando directamente sobre ella (la orina de una persona sana es esterelizante)  y aplicando plantas astringentes y sustancias dirivadas del huevo. Para detener la hemorragia cubrían la herida con hierbas coagulantes y cicatrizantes y, si era necesario, la saturaban con cabello humano o con unas <<grapas>>  naturales que obtenían de las mandíbulas de un tipo de hormiga.  Esto último se hacía juntando ambos lados de la herida;  luego acercaban la hormiga y cuando mordía le cortaban la cabeza, que se quedaba <<grapada>>.  Si la intervención era dolorosa, el paciente masticaba hierbas analgésicas y anestésicas.

TRAUMATOLOGOS Y PEDIATRAS

Había también <<componedores de huesos>>  o traumátologos.  Trataban las fracturas con entablillados y escayolas y, cuando éstas no bastaban, practicaban injertos de huesos:  <<Se ha de raer y legrar el hueso de encima la quebradura, cortar un palo de tea que tenga mucha resina y encajarlo con el tuétano del hueso para que quede firme, y atarse muy bien>>.

Había también  <<cardiologos>>  que estudiaban las víctimas de sacrficios humanos y distinguían diferentes afecciones cardíacas.  Por el enorme conocimiento de las plantas, los aztecas destacaban en el cuidado del aparato digestivo y de las afecciones cutáneas,  incluyendo tratamientos para problemas tan actuales como la caída del pelo o la caspa.  Había, además, otorrinos y oculistas que operaban de <<enramado de los ojos>>  o cataratas,  <<cortando la telilla con alguna espina y poniendo gotas>>, así como excelentes dentistas que no sólo trataban los dolores e infecciones dentales, sino que realizaban complejas operaciones estéticas, incrustando turquesas u otras piedras en los dientes, como muestran las evidencias arqueológicas; para los nobles, esto era un signo de distinción social.

No faltaba el tetonaltih, que se ocupaba de las enfermedades anímicas o psicosomáticas, interpretando los sueños para resistir el equilibrio interior. A  veces los síntomas derivaban en locura, de la que los aztecas distinguían varios tipos, o en epilepsia, para la que tenían tratamiento. En algunos códices, la diosa Tlazolteltl era representada con los síntomas de esta enfermedad.

Niños y jóvenes eran parte importante de la sociedad azteca. Para cuidar de su salud estaba el atlan tlachixqui, que hoy llamaríamos pediatra. Este médico tenía una forma curiosa de diagnosticar, observando el reflejo de la cara del niño en un recipiente con agua. Y si los niños eran fundamentales, las mujeres, que proporcionaban los futuros guerreros para el Estado, gozaban de una excelente medicina preventiva en relación con el embarazo y el parto.

En este rápido repaso por la medicina azteca no podía faltar la mención del chamán que, para su trabajo, utilizaba narcóticos, alucinógenos y ayunos prolongados.  Diagnosticaba las enfermedades y a través de su conocimiento de la medicina natural,  de la manipulación de objetos sagrados y de rezos y conjuros lograba atrapar y expulsar a los malos espíritus causantes de la enfermedad.  Aunque los conocimientos de todos estos especialistas eran notables, hay que destacar que su instrumental, fundamentalmente de piedra , era más bien tosco, aunque, por lo que parece, eficaz.

FARMACIAS EN EL MERCADO.

Los aztecas se señalaban, asimismo, por su gran conocimiento de las plantas medicinales. Las hierbas medicinales y remedios se distribuían en las <<casas que eran farmacias, donde se podían comprar jarabes preparados, pomadas y apósitos>>.  Las personas que trabajaban en ellas se llamaban papiani-panamacani y sólo vendían plantas medicinales y pócimas  –mencionadas ya por Cortés–, sino que tenían un enorme conocimiento de ellas para asesorar a los clientes. Uno de los remedios más solicitados eran los antiofídicos (antídoto contra las picaduras de serpientes), elaborados con tabaco y maguey, de cuya efectividad dan fe los españoles. Este remedio era vital, ya que en México se encuentra la mayor variedad de serpientes venenosas del mundo. También era muy apreciada la cacaloxochitl o planta  <<antiestrés>>, especialmente por los gobernantes, que la utilizaban, a modo de aromaterapia, para combatir la fatiga mientras recibían un relajante masaje en el temazcal o baño de vapor.

Si la dieta sana era un factor importante en la buena salud, la excelente higiene pública y privada también contribuía decisivamente a la longevidad de los aztecas. Gracias a las cartas de Hernán Cortés y la crónica de Bernal Díaz del Castillo no sólo sabemos de las bondades de la medicina, sino también de los hábitos higiénicos aztecas, tan distintos de los europeos en el ámbito personal e urbanísmo.

HIGIENE PÚBLICA Y PRIVADA.

Tenochtitlán, por su orden y limpieza, distaba mucho de las sucias ciudades europeas del siglo XVI. Por ejemplo, la capital azteca disponía de un excelente sistema de suministro de agua potable, que se realizaba a través de dos cañerías; mientras una estaba en servicio, la otra se mantenía en perfecto estado de limpieza.  Cuando Hernán Cortés sitió Tenochtitlán, rompió lo caños para privar a la población de agua.  Cuando se reconstruyó la ciudad, tras la conquista, sólo se dejó operativa una de las cañerías, lo que provocó entre la población importantes enfermedades gastrointestinales, que en época prehispánica no se producían. Además de mantener el caño en perfecto estado, los aztecas usaban ajolotes, unos anfibios de quince a treinta centímetros de longitud que se comían los detritus, manteniendo el agua en perfectas condiciones de salubridad.

Tampoco hay que olvidar la existencia de letrinas privadas en el interior de los palacios, donde el agua llegaba directamente, y otras públicas, repartidas por la ciudad y los caminos cercanos a Tenochtitlán.  Los aztecas reciclaban los residuos orgánicos, llevándolos a basureros fuera de la ciudad, donde se quemaban, o a los campos de estiércol. La orina también se reutilizaba para curtir el cuero. NO faltaban los cocaxcalli i casas para enfermos;  el mismo  <<Moctezuma tenía en su palacio una casa para enfermos incurables y con retardo mental, anexo al templo mayor un hospicio y un edificio llamado Netlatilopan consagrado al dios Nanahuatl, donde se recogia a los albinos, leprosos, pintos y otros>>, donde practicaban la cuarentena como medida profiláctica.

Toda la ciudad era un modelo de lo que hoy denominaríamos  <<sostenibilidad>>.  No  sólo los nobles, sino toda la población seguía las mismas normas de higiene personal y doméstica.  Las casas se construían de acuerdo al principio de ventilación cruzada, que contribuía a la buena salud, tenían temazcales o baños de vapor, se bañaban a diario y usaban como jabón el fruto del copalxocotl.  Desde niños se les educaba en la importancia del aseo personal, incluidos los dientes y la ropa; éste era uno de los principales consejos que los mayores daban a las jóvenes parejas para una convivencia dichosa.

Artículo de Isabel Bueno, doctora en historia…, publicado en la revista Historia.Para saber más:  Historia general de las cosas de Nueva España.

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